Polinesia: Tahiti,archipiélago de la Sociedad

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Tahití es la isla de la luz, la puerta sobre el gran Océano Pacífico, con el aeropuerto de Faa’a, como acceso principal al territorio. Su capital es Papeete, centro administrativo y pulmón económico de Polinesia, que ofrece además una vibrante vida nocturna, con numerosos restaurantes, discotecas y locales con coloridos espectáculos.

La isla se encuentra dominada por la cima de Orohena, y si algo la caracteriza es la variedad de paisajes. Está formada por la zona conocida como Tahití Nui, que es amplia y de forma circular y atravesada por valles profundos y espléndidos. Está conectada con la pequeña isla de Tahití Iti a través del estrecho istmo de Taravao. Esta última, también montañosa, ofrece a los viajeros un gran número de senderos en los que descubrir sugestivos valles, cascadas que quitan la respiración, cuevas misteriosas y sitios arqueológicos donde resuenan leyendas de la isla. Y por supuesto largas playas de arena oscura de basalto con olas perfectas para el surf y costas rocosas con paisajes espectaculares.
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Si decide pasar unos días en Tahiti, visita obligada es el mercado de Papeete, que con sus 7.000 m2 de superficie, representa el corazón más auténtico y vivo de la ciudad. Abierto todos los días desde las 5 a las 17 horas, y los domingos desde las 4 a las 7, está particularmente animado durante las primeras horas de la mañana. No hay que perderse la parte del mercado dedicada a las flores, la fruta y la verdura. Los ramos de tiaré, taina, tipanie, pitate y otras tantas especies, llenan de intensos perfumes el ambiente. Para ir de compras, la cita es la planta superior del mercado, donde encontrará productos típicos de artesanía: pareos, pañuelos para la cabeza, bolsas y cestos, objetos trabajados en madera de maravillosa elaboración, tejidos suntuosos con motivos vegetales o étnicos cosidas a mano.
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La ciudad de Papeete ofrece algunos atractivos culturales como el ayuntamiento, de estilo colonial, y que recupera la arquitectura del palacio de la reina Pomare IV, la Catedral de Notre-Dame, que consagrada en 1875 y restaurada en 1987, ofrece una armonía de modernas y antiguas vidrieras, el Templo chino de Mamao, con el techo en forma de pagoda recubierto de tejas de cerámica. El Faro de la Punta Venus, que fue construido en 1867 por los mangerevianos para afirmar la vocación marítima de la bahía de Matavai (a esta bahía llegaron la mayoría de los exploradores de la segunda mitad del siglo XVIII). En él se encuentra la punta bautizada como “Venus” por el navegante James Cook como recuerdo de su misión de observación del paso del planeta por delante del sol, en 1769. El faro se erige sobre una bellísima y extensa playa de arena negra. El Museo de la Perla Robert Wan, en el que podrán descubrir la perla de Tahití bajo diferentes aspectos: arte, historia, mitología, filosofía y religión. El Museo de Tahití y de las Islas, Te Fare Manaha, en el que podrá aprender sobre la vida de los polinesios antes de la llegada de los misioneros y su entorno natural tradicional. La Garganta del Taharaa, situada en la parte norte, y desde donde podrá disfrutar de la vista panorámica de la costa hasta Papeete y la silueta montañosa de Moorea dibujándose a lo lejos.
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Si además de una parada en su capital, quiere conocer más de Tahití, una excelente opción es sobrevolar la isla en helicóptero. La vista de los picos y las agujas de basalto, los cañones y los claros en los que se vierten impetuosas cascadas, el alineamiento de picos y mesetas, revela otra cara, secreta y seductora de la Polinesia interior.

Pero también podrá realizar excursiones por tierra. Una única carretera principal de circunvalación (de aproximadamente 113 Km.) conecta por un lado la costa este, rocosa, salvaje y espectacular, con playas de arena negra donde rompen las olas que buscan los surfistas, y por el otro, la costa oeste, más tranquila, con serenas playas y lagunas.

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También podrá recorrer la isla atravesando el Valle de Papenoo. Es una experiencia que debe realizarse preferentemente con un guía, a pie, en todoterreno o en 4×4. El interior de la isla está atravesado por una carretera que surca el gran valle de Papenoo, rico en enclaves arqueológicos y parajes espectaculares jalonados de impresionantes cascadas, hasta la garganta del Maroto. La carretera desemboca en la salida del túnel del Maroto sobre el famoso lago natural de Vaihiria, antes de volver a bajar hacia la llanura de Mataiea.

Si quiere visitar el monte Aorai, el punto de partida es el Belvedere, a donde se accede por el valle de Manuta, en el municipio de Pirae. La vista desde la terraza del restaurante allí construido abarca el valle vecino de Fautaua, la ensenada de Papeete y su aglomeración, con Moorea en el horizonte. Si desea escalar el monte Aorai (2066 metros), podrá hacerlo sin necesidad de guía. El ascenso comienza desde el Belvedere (600 m.) a través de un camino asfaltado y con refugios habilitados durante la ruta. Desde la cumbre podrá disfrutar de la vista de todas las cimas de Tahití, sus profundos valles, la silueta alargada de Moorea y las pequeñas manchas de Tetiaroa y Maiao en el océano. Sin duda alguna, una visión sublime.
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La llanura de Taravao es otro punto de vista panorámica espectacular. La subida a la llanura de Taravao, de paisajes casi normandos, termina en un puesto de observación habilitado desde el que de un vistazo se pueden contemplar, a ambos lados del istmo, las dos bahías y el inmenso territorio de Tahití Nui.

Los lavatubos de Hitiaa, situados en la costa rocosa, deben explorarse preferentemente con un guía, en 4×4 y después a pie. Son espacios tubulares cerrados o hundidos del tamaño de una gruta, invadidos por las aguas de las filtraciones, que a veces dan nacimiento a cascadas.

Además de las excursiones por el interior de la isla, podrá disfrutar de otras actividades, como la práctica de golf en Atimaono, que conserva el perfume nostálgico de la gran época colonial, la práctica de vela, surf y fly surf, además de por supuesto, submarinismo. Los fondos submarinos de Tahití son de una riqueza espectacular con una gran diversidad de lugares (restos de naufragios, laderas cubiertas de gorgonarios) y la belleza de los jardines de coral. De julio a noviembre es posible el avistaje de ballenas, y durante todo el año, el avistaje de tiburones.
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