Polinesia: archipiélago de las Gambier

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Emplazado en el suroeste de las Tuatotu, el archipiélago de las Islas Gambier es el más remoto de Tahiti y sus islas. Comprende catorce islotes montañosos rodeados por una barrera coralina, de las que sólo la mayor, Mangareva, está poblada.

Posee espléndidas playas y unos colores inolvidables, con tonalidades de zafiro, matices de índigo y turquesa que se recortan contra el verde intenso de los cocoteros. Y de vez en cuando, bajo un cielo de un azul perfecto y la sombra de las palmas, se halla uno con los restos de edificios religiosos antiguos abandonados.

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[styled_box title=»Mangareva: la isla del fin del mundo» class=»sb_gray»]
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Se encuentra situada a 1.650 kilómetros al oeste de Tahití, y su superficie es de 14 km2. El punto más alto es el monte Duff, con sus 441 m de altura. Su población es de algo más de 800 habitantes.

Mangareva significa en idioma polinesio “montaña flotante” y se ha definido también como la isla “del otro lado del mundo”. Es un lugar de ensueño, pacífico y emocionante y la única de las Islas Gambier que está habitada. Se halla en el centro del archipiélago y está emplazada en una laguna, junto con otras diez islas montañosas de origen volcánico.

Mangareva también es famosa por la calidad de sus perlas negras, que nacen en sus aguas protegidas y se consideran las más hermosas de Tahití y sus islas. Se pueden comprar directamente en sus viveros. Los matices de esta joya-color berenjena, verde irisado o de reflejos azules, grises o rosados- la hacen única en el mundo, producto de una naturaleza y una artesanía que sólo existen en Tahití y sus islas.

La laguna contiene la totalidad del archipiélago y ofrece una perspectiva paradisiaca: diez islas altas de las que Mangareva es la única habitada y 18 motus que forman un paisaje polinesio condensado.

Gracias a los alisios, que refrescan el clima tropical tahitiano, en Mangareva crecen los bosques frutales, entre los que se pueden dar apacibles paseos.

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Cuna del catolicismo en el país, el archipiélago de las Gambier aloja más de un centenar de edificios de piedra centenarios, entre ellas iglesias, conventos presbiterios, escuelas, laboratorios textiles, hornos y torres de vigilancia que datan del S. XIX. Con una población de fe católica muy profunda, la vida del archipiélago está salpicada de numerosas celebraciones religiosas (en particular la fiesta de Notre-Dame de la Paz) con sus magníficas misas cantadas, procesiones y decoraciones diversas. En Rikitea, capital de las Gambier, una atmósfera de dulce y acogedora quietud sirve de marco a la imponente Catedral de Saint Michael, de 1848, que posee un altar decorado con perlas y madreperlas.

Como actividad se puede realizar la escalada a los montes Duff y Mokoto, desde donde se disfruta de un panorama formidable: pequeños motu (idílicos islotes), playas espléndidas, bahías, calitas y fábricas de perlas que aparecen como suspendidas sobre la laguna turquesa.Especialente agradables son los paseos entre los numerosos frutales de la isla, ya que el clima templado y el terreno fértil permite el crecimiento de orquídeas, naranjos, viñas y café.

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